SALMÓN CON BECHAMEL DE CALABACÍN

Se trata de un plato sano, sanísimo donde los haya, cargado de sabor y nutrientes, de muy fácil elaboración y con ingredientes muy básicos en la cocina.

Para acompañar el salmón, esta vez he optado por una bechamel que dista muchísimo de la clásica salsa a la que estamos acostumbrados, ya que en su elaboración no uso mantequilla ni harina. Resultando una versión mucho menos calórica.

Para ello he empleado como fondo, calabacín y cebolla, y para aportarle cremosidad, he optado por añadirle arroz. El resultado ha sido una salsa con una textura cremosa y de un exquisito y suave sabor, que contrasta a la perfección con la potencia del salmón.

 

Un delicioso bocado ideal para un almuerzo ligero o una cena rápida que tendréis listo en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué me decís? ¿Os apetece probarlo? Os garantizo que repetiréis.

 

Ingredientes:

-1 lomo de salmón

-1 calabacín

-1/2 cebolla

-1 cucharada de arroz

-1/2 vaso de leche

-Nuez moscada

-Aceite de oliva y Sal

Preparación:

Comenzamos preparando la bechamel de calabacín, para ello ponemos en un cazo un chorrito de aceite de oliva y pochamos la cebolla previamente pelada y finamente picada. Añadimos el calabacín lavado y troceado a cuadritos pequeños junto con el arroz y la sal. Añadimos un poco de agua y dejamos cocer hasta que el arroz y las verduras estén blandos. Apartamos del fuego, trituramos e incorporamos la leche (podemos añadir más o menos cantidad dependiendo de la textura que más nos guste, más espesa o menos). Llevamos a fuego lento y añadimos la nuez moscada y la pimienta negra. Rectificamos de sal si fuera necesario y cocinamos durante 3 minutos, removiendo de vez en cuando. Reservamos.

Salpimentamos el salmón y lo cocinamos en una plancha o sartén con una pizca de aceite (al ser un pescado graso soltará su propia aceite). Emplatamos el salmón y servimos con la bechamel de calabacín por encima.

 

Sugerencias:

*Se puede acompañar de una ensalada o unas patatas cocidas.

*Se puede sustituir el arroz de la bechamel por media patata pelada, aunque la consistencia y el sabor resulta mejor con el arroz.

 

 

¡Dedícate tiempo, disfruta cuidándote!

CROQUETAS DE ESPINACA

Las croquetas de espinacas son una manera interesante de introducir verdura en la alimentación diaria, sobre todo en la de los niños, que suelen ser más reacios a comer este vegetal por sí solo. Resultan muy sabrosas ya que se acompañan de una bechamel ligera y unas nueces picaditas, las cuales además de enriquecer nutricionalmente el plato, le aportan un toque crocante.

Éstas admiten múltiples variaciones, se le puede añadir atún, trocitos de jamón curado, jamón york, queso, zanahoria, dátiles, pollo, bacon… o cualquier otro alimento que tengamos en la nevera, sea de nuestro agrado y queramos aprovechar. 

Os animo a prepararla ya que es una receta muy sencilla, muy sabrosa, gusta a todo el mundo y la tendréis lista en un abrir y cerrar de ojos. Incluso podéis hacer de más y congelarlas, para sencillamente freírlas en el momento de servirlas.

Ingredientes:

-300 gr. espinacas

Bechamel 

-1 cebolla

-2 dientes de ajo

-5 nueces

-Sal

Para rebozar:

-Pan rallado

-1 huevo

Preparación:

Comenzamos lavando las espinacas, las picamos muy finitas y las cocemos en un poco de agua y sal durante 5 minutos. Escurrimos muy bien y reservamos.

Pelamos, lavamos y troceamos muy pequeñita la cebolla. La doramos en un sartén con un chorrito de aceite de oliva junto con los ajos previamente pelados y picados.

Por otro lado, preparamos la bechamel (como se indica en este enlace o en las recetas básicas) y le incorporamos las espinacas, la cebolla, los ajos y las nueces picadas. Llevamos al fuego un par de minutos más, removiendo constantemente para integrar todos los ingredientes y que no se pegue. Ha de quedar una masa consistente. Deja enfriar.

Ahora hay que rebozarlas, para ello batimos un huevo en un plato hondo y ponemos en otro plato el pan rallado. Vamos cogiendo porciones pequeñas de masa y le damos la forma que más nos guste (redondas, alargadas…) las pasamos primero por huevo batido y luego por pan rallado. Por último las freímos en abundante aceite y las escurrimos sobre papel absorbente para retirar el exceso de aceite. Servir caliente.

¡Dedícate tiempo, disfruta cuidándote!

BECHAMEL LIGERA

La salsa bechamel, o también conocida como salsa blanca, es una salsa, más bien espesa, cuyo origen se le atribuye a la cocina francesa o a la italiana. Esta sirve como base para la preparación de otras muchas salsas, e incluso se le pueden añadir otros ingredientes para potenciar su sabor. Esta salsa se ha popularizado por su uso en la elaboración de platos gratinados que contienen pasta o verduras, solas o con carne o pescado. Hoy en día es tan popular que puede encontrarse envasada y lista para su uso. Pero destacar que el sabor ni las propiedades de sus ingredientes son iguales a la elaborada en casa. Se prepara añadiendo leche a la harina sofrita en mantequilla. La leche tiene como finalidad por una parte la de apagar el sabor de la harina caliente y por otra parte la de diluir y cocer la mezcla.

Aunque la técnica de elaboración sea la misma, la bechamel se diferencia de la salsa blanca en que esta última no se hace con líquidos lácteos sino con caldos o fondos.

Una de las mayores preocupaciones a la hora de preparar una bechamel es la formación indeseada de grumos (aglomeraciones) de harina durante las últimas fases. Para evitarlo, es imprescindible que el proceso de cocción se realice a fuego lento, vertiendo la leche poco a poco y removiendo según se vaya ligando con la harina. Se debe entender que cuanto más lácteo se vierta durante su elaboración más diluida saldrá la textura de la salsa final.

 

La grasa usada en la receta original es la mantequilla pero en España se emplea a menudo aceite de oliva. Es frecuente aderezarla con nuez moscadapimienta molida y eventualmente con clavo aromático.

La receta básica es la siguiente: se calienta el aceite de oliva o mantequilla y se añade la harina removiendo hasta que empieza a formar burbujas pero sin que llegue a tomar un color tostado, removiendo con una cuchara de palo para evitar la formación de posibles grumos. Se aconseja verter la harina fuera de la fuente de fuego, para evitar la aparición de grumos, al igual que cuando se vierten los lácteos.

Dependiendo del uso que se le vaya a dar, se puede elaborar más o menos espesa. Si se va a usar para croquetas se hace de forma que solidifique, con lo que el nombre de salsa quedaría en entredicho. Sin embargo, cuando se usa para cubrir caneloneslasañas o para las espinacas a la crema, se suele hacer más ligera y fluida.

La bechamel sirve para espesar los jugos de cocción de guisos y asados y convertirlos así en salsas untuosas. Permite también dar un acabado ligado y cremoso a las sopas llamadas “cremas”, como la crema de champiñones, de espárragos, de espinacas…

Las múltiples variaciones posibles de la salsa bechamel permiten incorporarle quesos, como en la salsa Mornay. También se puede incorporar ingredientes picados finamente como la cebolla sofrita o todo tipo de carnes, verduras o pescados, como cuando se prepara para croquetas, relleno de pimientos o para hacer el famoso soufflé francés. Otra variación posible es hacerla, por ejemplo, con leche de soja, siendo entonces apta para veganos e intolerantes a la lactosa. También se presta a ser aromatizada con todo tipo de especias como el curry o la nuez moscada. Así mismo, se puede emplear fécula de maíz en lugar de harina de trigo, apta entonces para personas intolerantes al gluten (como por ejemplo los celíacos).

En este caso, yo he hecho una versión más ligera de la bechamel tradicional, intentando reducir el porcentaje de grasa de la receta. El resultado nada tiene que envidiar a la original ya que ha quedado una salsa de textura perfecta y cremosa, sabor intenso y con mucho menor aporte calórico.

Ingredientes:

-500 ml leche semidesnatada

-3 cucharadas maicena

-Una pizca de nuez moscada

-Sal

Preparación:

Ponemos 100 ml de leche en un recipiente y diluimos la maicena en ella. Reservamos.

Calentamos el resto de la leche en un cazo hasta que empiece a hervir. Bajamos el fuego y añadimos la maicena disuelta, la sal y la nuez moscada. Removemos con unas varillas para que se vayan integrando todos los ingredientes. Cocinamos a fuego medio-bajo sin dejar de remover para evitar que se pegue. Poco a poco la salsa irá espesando. Cuando esté compacta y con el espesor deseado retiramos del fuego. Y ya está lista para utilizar.